Sandra Naiman, una referente del agroturismo en Chiloé, vive en la apacible isla de Quinchao. Esta encantadora mujer huilliche se muestra orgullosa del hermoso huerto orgánico que ha trabajado con sus propias manos. Sin ayuda de terceros y mediante técnicas tradicionales, ha dado vida a un lugar que deslumbrá a quienes la visitan, manteniendo vivas sus costumbres ancestrales.
Tras años de arduo trabajo, la granja orgánica de Sandra se ve increíble. No hace falta ser un experto para quedar maravillado con la cantidad y calidad de los cultivos que tiene en las cinco hectáreas de tierra que heredó de sus abuelos maternos.
“Al principio fue muy difícil. Tuve que limpiar el terreno, sacar árboles y crear espacios. Empecé poco a poco, con flores y ajos. Ahora cultivo papas, tanto en el invernadero como al aire libre. Tengo cerdos, ovejas y gallinas. Me defino a través de mi trabajo, porque trabajo sola todo el día. Me levanto muy temprano y me acuesto muy tarde”.
Sandra no usa fertilizantes químicos, rota sus cultivos y planta árboles nativos. Se dedica a cuidar la tierra de forma totalmente orgánica. “Soy una amante de la naturaleza”, dice sonriendo. “Aprendí mucho de mis abuelos y de la gente mayor que he conocido a lo largo de mi vida”.
Hoy, Sandra es líder en el agroturismo de Chiloé y enseña a otras mujeres de la isla a trabajar sus tierras de manera orgánica. “La agricultura requiere paciencia, no es fácil. Algunos cultivos toman tiempo y por eso trato de ayudar a mi comunidad a aprender cómo aprovechar la tierra al máximo”.
Antes de que termine la excursión, Sandra ofrece a los visitantes algunos de los productos de sus cosechas, incluyendo mermeladas caseras. Esta es una dulce forma de despedir a los invitados con una sonrisa tras su mágico encuentro con la naturaleza, a través de una agricultura basada en prácticas tradicionales y sustentables.